La carta de Javier Oteo:

"El Sr Gobernador de la provincia ha hecho uso de la renuncia al cargo de ministro de Gobierno y justicia en que me desempeño.

Como hombre de bien entiendo que las renuncias tiene un solo carácter, no son reversibles ni declinables y no pueden ser nunca un instrumento de cambio o negociación.

Si el disparador ha sido la lamentable pérdida de vida del Señor Angel Verón, asumo la responsabilidad política de ser fusible de tal circunstancia pero en resguardo de mi integridad moral y de la verdad debo expresar:

No me cabe responsabilidad alguna en la dirección de la acción que se aduce como motivadora y sin probanza hasta  la fecha, a tenor que al momento de ocurrir el hecho me encontraba en la ciudad de Buenos Aires.

Quiero también expresar que la Policía del Chaco como institución es un instrumento de seguridad y orden público, y así como tal es utilizada, también debe ser respaldada por el poder político, caso contrario se crea una desazón en los cuadros, que no ayuda al desarrollo de la difícil tarea que tiene a su cargo y que me consta la cumplen con abnegación y sacrificio personal y el de sus familias.

Los excesos, la impericia o las inconductas en que eventualmente integrantes de la fuerzas incurran, deben ser juzgadas, en la sede que corresponde, en la justicia y con el resguardo que provee la Ley y merecen las personas, 'el derecho a defensa'.

Agradezco a todo el personal de mi dependencia funcional, a mis colegas y compañeros de gabinete la colaboración y el acompañamiento que han dado en toda circunstancia de mi gestión.

me retiro a mi vida privada a mi profesión, con la tranquilidad de haber cumplido para con el gobierno y con el partido a que pertenezco".

Con 7 minutos se puede lograr el mejor sexo

Se acabaron los mitos: el Journal of Sexual Medicine acaba de publicar un estudio que se asegura que siete minutos son suficientes para tener relaciones sexuales completamente satisfactorias.

Eric Corty, al frente del proyecto del Behrend College de Pensilvania, reveló que la mayoría de los participantes en el estudio (tanto hombres como mujeres) estuvieron de acuerdo en que una buena y satisfactoria sesión de sexo no debía pasar los 10 minutos de duración.

Además, el estudió concluyó que las personas se sienten mal tras los estereotipos divulgados por los medios de comunicación (en específico la televisión), en los que se asegura que el sexo debe durar horas y que debe haber un determinado promedio semanal para estar a tono con una supuesta "normalidad" satisfactoria. Todos esos parámetros, dicen los autores del estudio, están muy alejados de la realidad general.

"Cuando las personas piensan que el sexo tiene que durar cierto tiempo para ser bueno, tratan de igualarlo o superarlo. El problema es que esto no significa que se disfrutará más. De hecho, el sexo que dura más por lo general agobia a la gente, en especial a las mujeres", advierte Mary Jo Rapini, psicoterapeuta del Hospital Metodista, en Houston, Texas

Según los responsables de la investigación, las películas porno son las principales responsables de divulgar parámetros exagerados, desde el tamaño de los penes, la perfección en el cuerpo de las mujeres, los gritos y gemidos y, por supuesto, las actuadas sesiones "maratónicas" de sexo supuestamente placentero.

En el estudio participaron 50 doctores, trabajadores sociales y expertos de la Society for Sex Therapy and Research.

¿Vos qué opinás? ¿Calidad mata cantidad? ¿Es cierto que las mujeres siempre queremos largo y mimos o muchas veces alcanza con fugaz ratito de amor?

 

Los Argentinos tienen vocación de súbditos afirma Alberto Medina Méndez

Que la política hace de las suyas no requiere de demasiada demostración. En todo caso, debería preocupar la verdadera causa de esas andanzas.

En algunas sociedades más serias, la política tiene un margen mas acotado, sus errores y excesos encuentran límites, y no porque sus dirigentes no lo intenten, sino porque la ciudadanía no lo permite y, frente a determinadas posturas, los repudia electoralmente dejándolos fuera de carrera.

Cuando se aborda el dilema desde esta perspectiva, se comprende bastante mejor lo que está sucediendo. El problema no es solamente la inmoralidad de los que se abusan, sino también la pasividad de los que se dejan oprimir.

Esto no se consigue sin la complicidad de la gente. Por eso es vital revisar las actitudes propias. En la actualidad, el sometimiento ya no se logra con la fuerza bruta, sino con sutiles estrategias de manipulación psicológica.

La política lo sabe y las usa a discreción con toda la potencia que le resulta posible. Así logra imponer conductas, establecer reglas y, sobre todo, diseñar el camino que le resulta más funcional a sus mezquinos intereses.

El asunto pasa por no enredarse en esa madeja. Pero para eso resulta clave tener la autoestima en el lugar adecuado. Claro que los políticos se ocupan de menoscabarla a diario, desgastándola permanentemente y evitando, de ese modo, cualquier tipo de insurrección por menor que ella parezca.

La rebeldía es una virtud. No tiene que ver con oponerse a todo, sino con tener criterio propio, analizar cada cuestión sin condicionamientos y actuar de acuerdo a la visión personal, esa que puede alinear discurso y acción.

Muchos asuntos no parecen tener salida, al menos no en el corto plazo. La sumisión comienza cuando esa mansedumbre se convierte en crónica y serial, anulando la más elemental capacidad de plantearse alternativas.

Lamentablemente esta postura es demasiado frecuente hoy y no solo, como suponen algunos ingenuos, en los sectores más débiles de la sociedad. La vocación de esclavo no distingue género, edad, ni tampoco condición social. Las pruebas abundan y están a la vista todos los días.

La primera parte de la solución implica entender lo que sucede. Sin un diagnóstico contundente es imposible pensar en revertir el sendero actual.

La inmensa mayoría de la gente cree que todo lo que ocurre es producto de la crueldad de la política y la inmoralidad de sus dirigentes. Si bien eso es parcialmente cierto, la sociedad debe renunciar a esa indigna costumbre de buscar culpables afuera antes de admitir su importante cuota de responsabilidad en todo  lo que acontece.

Si se lograra asumir esa situación, y comprender que el presente tiene mucho que ver con todo lo incorrecto que se hace siempre, se habría ganado la primera de las batallas. Tal vez no sea la más importante, pero sin duda alguna, la imprescindible para poder transitar la siguiente.

Luego vendrá el tiempo de examinar los comportamientos propios. Un repaso por lo habitual mostrará con claridad, como esta ciudadanía termina aceptando todo lo ofrecido como si no existiera otro modo de lograrlo.

No es necesario buscar ejemplos en la política mayor, en esas cuestiones de Estado. En los temas más simples, en lo mundano, pululan anécdotas que dan cuenta de como el conformismo le gana al desafío de la superación.

La dinámica vigente para la recolección de residuos, el sistema de transporte de pasajeros, los inconvenientes en el tránsito de una ciudad son temas domésticos y sobre los cuales la sociedad solo se queja, sin actuar sobre el asunto, aceptando las excusas de los políticos, la supuesta sabiduría de los técnicos y la inercia ideológica de los intelectuales de turno.

El reto es cuestionar, animarse a dejar atrás la comodidad que propone la resignación y apelar a la creativa fórmula de proponer variantes. Nada de lo que se hace hoy tiene que continuar de igual forma. Si no satisface las expectativas, no resulta útil, ni resuelve el problema, siempre merece ser fuertemente objetado hasta encontrar una alternativa superior.

El pensamiento de esclavo invita a la sociedad a la quietud del acatamiento. Ese proceder es nocivo y adictivo e incita a reiterarlo hasta el infinito. La política contemporánea, astuta observadora de las múltiples debilidades humanas, muestra allí lo peor de sí misma, utilizando este mecanismo ruin para sus fines, con absoluta ferocidad y falta de escrúpulos.

Es ella la que alimenta la resignación e insiste señalando limitaciones falsas, esas que hacen suponer a muchos que todo debe seguir igual. Es bajo ese paradigma que no modifican el perverso régimen electoral imperante, ni están dispuestos a transparentar lo que gastan con dineros públicos.

Se saquea a los que producen para distribuir el resultado de su esfuerzo a los que parasitan. Es difícil entender la lógica de los generadores de riqueza. Su actitud dócil para con el sistema no tiene consistencia con su eterno esmero por progresar. Son ellos tal vez los que tienen más responsabilidad en esta etapa. Si pudieran dejar de ser pusilánimes, posiblemente otro sería el presente.

La política mal entendida, apuesta a que la sociedad acepte, sin protestar, todo lo que ocurre y solo deba bajar la cabeza frente a los atropellos cotidianos. Ellos saben lo que hacen, por eso insisten con esta receta que les ha dado resultado. Concentran el poder en sus manos y convencen a la sociedad para que todo siga funcionando así, como hasta ahora.

El problema no es la política, tampoco sus dirigentes. El tema es bastante más simple. Esto continuará del mismo modo hasta que la sociedad no reaccione con inteligencia y coraje para abandonar definitivamente esa arraigada vocación de súbditos.

 

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com